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Actualizado a   13/09/2015

Start/Stop MUSICA

Cuadro de texto:        Yo he llegado a conocer tres. Bueno, dos y “medio” pues uno de ellos no volvió para quedarse. Solo para “arreglar algunas cuentas” del patrimonio que tenia aquí: Recorrió los alrededores en bicicleta, hizo un viaje a Santander, en tren y otro a Bilbao y se volvió a su D.F. (léase Distrito Federal).
      Pero gracias a ellos tomábamos azúcar (Terrones blancos de autentica caña) y conocimos el “mejor chocolate” del mundo (Mejicano), en la post guerra, cuando ni los ricos podían conseguirlo pues no lo había ni en el mercado negro.
       Otros, vecinos del barrio de la “Gerra”, si volvieron de Cuba para quedarse: Charito la “cubana” que escandalizo un poco al pueblo con sus costumbres, dichos y atuendo, y su hermano que preguntó a un policía de la Guardia de Franco, cuando este venia a pescar salmones al “pozo del Generalísimo” (Decían que se los ponían en el anzuelo los hombres rana) “Y…. Ustedes ¿cuando lo “botan”?. Nosotros, allí en Cuba, no les dejamos “engrasar” tanto.
      No obstante, no produjeron el impacto esperado pues no hicieron los “dispendios” típicos de “nuevos ricos”. Ni reconstrucción 
ostentosa de la vivienda (o choza) familiar, regalo de reloj mural para el ayuntamiento o campanario del pueblo, y ni siquiera remozar o pintar las escuelas publicas….      Vamos, casi pasaron desapercibidos.
      El tercero: Ese sí. Un verdadero “indiano”. No era de Rasines Paco el de Riancho aunque si tenia familia allí.
      Desembarcó con un coche “americano” de los que no se conocían en la provincia (solo coches europeos ) mas grande que el autobús de “Paco Lavín”. 
     Una de las cosas que mas me impresionó fue el espesor de la “portezuela”. Casi medio metro de “ingeniería”  y nos atrevíamos a utilizar un diminutivo, casi despreciativo, terminado en “zuela”, para designar aquello.  Y el ruido cuando se cerraba que daba la impresión de que no se podría volver a abrir si no empleabas algún conjuro mágico (Del orden de ¡ábrete Sésamo! ) por lo menos. 
      El hombre no entendía que hubiera que ir desde Riancho (Gibaja) hasta Ampuero (12 km) para poder repostar, los “barriles” de gasolina que consumía su “carro”, en aquella vieja “bomba”, manual de vaivén, con los dos depósitos de cristal, que se llenaban alternativamente y que te aseguraban que no te vendían “aire”. Estaba a la entrada del pueblo.                                                                                                                                                                                                                                               
                                                                                                                                            Doy Fe